Imagina esto:
Es la mañana de tu cumpleaños número 18, estás muy emocionado porque llevas años esperando esa fecha exactamente. Obvio te urge cumplir la mayoría de edad para tener IFE y poder entrar a bares y conciertos +18 -hace no mucho te perdiste de Face to face por eso- pero también te urge porque es requisito para terminar la prepa en un examen. Ya lograste sacar la secundaria abierta unos años antes, así que sólo te falta el bachillerato para poder estudiar una carrera y lograr ser alguien en la vida. Además quieres aplicar a algún trabajo de medio tiempo sencillo pero formal, algo que te permita generar algo de dinero para ahorrar y poder independizarte lo antes posible. Así que por fin llegó el día, siendo mayor legalmente ya nada te puede detener, ¿cierto?
Entonces es esa mañana, y a diferencia de otros días, esta vez apagaste tu alarma a la primera en lugar de dejar sonar tu celular mil veces. Te arreglaste súper rápido, preparaste tu mochila, no desayunaste nada porque quieres salir ya ya ya. Tienes planeado ir al Registro Civil de Arcos de Belén en el DF para sacar tu acta de nacimiento -porque obvio hace semanas que hiciste tu cita en el IFE para poder ir exactamente un día después de tu cumpleaños a tramitar tu credencial- pero tú vives en el Estado de México, así que sabes que te va a tomar al menos unas dos horitas llegar hasta allá, por eso no hay tiempo que perder.
El camino se siente irreal. Has tomado exactamente la misma combi hasta la estación de metro Cuatro Caminos muchísimas veces antes, te has subido a la línea azul del metro muchísimas veces antes, has usado justo esa ruta para ir a muchísimos shows de punk rock en el Alicia, el camino te lo sabes de memoria, hasta los transbordos te los echas sin dejar de ver el celular (aunque no deberías, es peligroso ok), pero hoy se siente diferente. Después de casi dos horas de camino, has llegado por fin a tu destino. Es tu primera vez ahí y no sabes bien ni para dónde jalar, pero lees los letreros, sigues indicaciones y llegas hasta la ventanilla donde se paga la expedición de copias certificadas de acta de nacimiento. Listo, está pagada, ahora sólo hay que esperar. Pasan unos minutos y te avisan que no encuentran tu acta de nacimiento, así, tal cual. Ni siquiera sabes cómo reaccionar o qué decir, sólo te extraña, pero entonces te cuentan que le ha llegado a suceder a otras personas, porque hay actas de nacimiento que nunca se han digitalizado o que se han perdido en el transcurso de los años y es necesario buscarla en el archivo más choncho, (el cual no recuerdo su nombre) pero también te dicen que es muy extraño tu caso porque es 2014, tú sólo tienes 18 años y normalmente las actas de nacimiento perdidas o con errores, son más bien de gente ya muy grande que nació muchísimas décadas antes que tú, pero como sea, tienes que pagar la investigación y regresar una semana después.
¡Qué agüite!, cancelas la cita que tenías para el siguiente día en el IFE y la vuelves a programar pero para una semana después porque equis, se complicó un poquillo pero sólo se retrasó una semana.
Regresas una semana después a Arcos, el camino esta vez no es tan emocionante, más bien vas tratando de esperar lo mejor y tratando de ignorar lo raro de la situación.
De nuevo en las oficinas, vas con el papelito que te dieron la semana anterior donde dice la fecha y hora a la que debes estar para recoger el resultado de la investigación y con suerte, recibir una copia certificada de tu acta de nacimiento como cualquier ciudadano mexicano. Así que buscas al burócrata menos malencarado y le explicas la situación, entregándole el papelito en la mano. Ni siquiera lee lo que dice pero te indica para dónde y con quién,
*a partir de aquí todo se pone borroso*
Una hora después, sales de Arcos de Belén llorando y sacado de onda, pues tú sólo ibas por tu acta y saliste enterándote de que no existes legalmente porque tus papás nunca te registraron.
El camino de regreso es horrible: hace calor, el metro va lento, en Cuatro Caminos la combi se llena, te toca el asiento donde tienes que pasar el pasaje de los demás usuarios, y para colmo, no has comido en todo el día.
Regresas a tu casa derrotado y sin poder asimilar el pedazo de desarrollo de personaje que te acaban de echar encima. En cuanto ves a tu papá, tratas de hablar con él y le cuentas exactamente todo cómo pasó desde el primer día que fuiste hasta unas horas antes cuando una señorita del Registro Civil te dijo <<No pues está muy raro, no tenemos ningún registro de tu existencia>> y acto seguido empezaste a escuchar borroso, y recuerdas sus labios moviéndose pero no comprendiste nada de lo que te dijo, sólo saliste de ahí con una hoja de requisitos interminables para registrarte “extemporáneamente”. Esperas que tu papá también se sorprenda y te diga algo como: “¡¡Qué!! ¿Cómo puede ser posible? Mañana mismo vamos juntos y lo resolvemos”, pero para tu sorpresa, él sólo baja la mirada y después de unos segundos de silencio, lo único que atina a decir es: <<Es que naciste en una época muy complicada>>, la respuesta te enoja, le gritas, le reclamas, le exiges que te explique pero él se deslinda de toda responsabilidad rematando con un: <<¿Por qué no le reclamas también a tu mamá?>>. Para este punto, sientes que el mundo se te viene encima, de pronto toma sentido el hecho de que nunca pudiste estudiar como la gente normal, de pronto entiendes el por qué vivías aislada y tu papá te pedía que mintieras sobre tu vida, entonces entiendes que para él era primordial que tú no pidieras ayuda de nadie porque nadie tenía derecho a arruinar la imagen de papá soltero y abnegado que se había encargado de construirse los últimos años.
Estás devastado, no sabes por dónde empezar, a pesar de la gravedad de la situación, lo único en lo que puedes pensar es en ese estúpido examen para terminar la prepa porque ya se acerca, ya lo pagaste, vendiste tus patines para pagarlo, y lo único que te faltaba era entregar tus papeles. Papeles que no tienes y que no sabes cuándo vas a tener.
A partir de ahí el desarrollo de personaje nunca termina, cada año vas descubriendo más y más cosas sobre tu familia, tu vida y tu pasado que nunca nadie tuvo la molestia de compartirte para intentar aminorar el trauma. Guardas esta historia con mucha vergüenza (sin razón alguna, tú no hiciste nada malo) y no sabes ni a quién pedirle ayuda y cuando llegas a contarle a otras personas que, por ejemplo, no tienes INE porque legalmente no existes, -porque el IFE dejó de ser IFE justo el año que tú cumpliste 18-, se ríen y te hacen comentarios como que deberías aprovechar que no existes para hacer cosas ilegales o te dicen que pidas préstamos porque igual no puedes estar en el buró de crédito, lo cual es bastante estúpido porque para cualquier pendejo trámite necesitas de hecho existir legalmente, pero parece que no se dan cuenta de lo que dicen. Además a ti no te interesa ningún préstamo y menos hacer alguna cosa ilegal -que más adelante kinda sí hiciste pero no por no existir, pero eso es otra historia, jeje- lo único que tú querías, era estudiar, trabajar, ser normal por primera vez en la vida. Aguantar comentarios ignorantes te duele mucho, así que optas por no hablar absolutamente con nadie sobre el tema, ni tu familia.
Finalmente, en marzo del 2021, es decir, 6 años y 5 meses después del día 0, logras tu existencia legal en un juzgado del Registro Civil en Iztapalapa.
Unas horas más tarde, mandas un mensaje al grupo de WA que tienes con tus hermanos para avisarles que por fin se logró la existencia y uno de ellos responde: “¿Para cuándo el bautizo?, esta vez sí te da risa la broma.
7 meses después cumples 25 años.
Los años han pasado, terminaste la prepa pero no estudiaste una carrera, todo pasó muy rápido, no te dio tiempo de soñar y materializar, y lo mejor que pudiste hacer todos esos años, fue seguir aquí intentando entender el por qué de tu existencia.
Gracias por llegar hasta aquí.

