vergüenza

Según la AI:

«La vergüenza es una emoción que se produce cuando una persona se siente mal consigo misma, por ejemplo, cuando se considera inferior, incompetente o incapaz. Puede ser una respuesta a un proceso de autorregulación personal y de las emociones»

Mi abuela materna se llama Guadalupe y, por supuesto, es católica. Así que el 12 de diciembre, para mi familia siempre significó un día de fiesta. Era el año 2003, según recuerdo, y la reunión anual por el santo de mi abuela llegó. Ese día, a mis primas y a mí se nos ocurrió la gran idea de inventarnos una coreografía de la canción “Amor primero” de Timbiriche para después presentarla en frente de la familia. (Sí, al parecer es una experiencia universal que las primas queramos hacer eso, idkw). Estuvimos horas y horas repasando la coreografía hasta que nos salió perfecta. Cuando llegó el momento de presentarnos frente a todos, yo no pude con el pánico escénico. Recuerdo que primero les insistí a ellas que lo hiciéramos más tarde; les dije que necesitábamos más ensayo, aunque claro que no era necesario, no íbamos a competir contra nadie. Solo era yo poniendo pretextos porque estaba muerta de nervios, hasta que ya no pude retrasar más el momento. Estábamos en la sala, frente a todos los adultos, algunos claramente molestos de que tres niñas de 6 años les interrumpieran la fiesta para verlas bailar. La música empezó a sonar, y me quedé congelada. Les dije a mis primas que no podía hacerlo y las dejé hacer solas la coreografía. No supe qué más hacer. La verdad no recuerdo si ellas se enojaron conmigo, pero sí recuerdo que mis tíos de “qué payasa” no me bajaron. La verdad, yo solo me puse muy roja y me dieron muchas ganas de llorar. Ahora lo veo en retrospectiva y me doy cuenta de lo estúpido que fue que nadie se preguntara por qué a una niña de 6 años le provocó tanta ansiedad bailar en frente de su familia.

Cuando escucho o pienso conscientemente en la palabra vergüenza, siempre me reencuentro con ese recuerdo; ahí la conocí.

El problema real es que, con los años, la vergüenza se fue haciendo cada vez más recurrente. Pasé de tener vergüenza de bailar en frente de mi familia a los 6 años, a tener vergüenza de mi cuerpo, a tener vergüenza de mi pelo, a tener vergüenza de mi voz, a tener vergüenza de decir que algo no me gustaba, a tener vergüenza de decir que algo me lastimaba, a tener vergüenza de pedir ayuda, entre muchas otras cosas.

En resumen, la vergüenza se convierte en una compañera silenciosa pero tan poderosa, que sin darte cuenta se transforma en el origen de muchas inseguridades.

En mi caso, tuvieron que pasar muchos años y muchas horas en terapia antes de darme cuenta de que no era normal haber vivido con ella desde niña.

Si tú como yo, has experimentado esto durante tu vida, espero de todo corazón que encuentres la forma de salir de ese ciclo y logres mostrarle al mundo la persona que eres y de todo lo que eres capaz.


Muchas gracias por llegar hasta acá.

Nos leemos prontito.

¿Me ayudas con algún comentario?